Casa Ríos: la casa donde el rock encontró refugio en el corazón de Funes

 

Hay lugares que funcionan como un bar. Y hay otros que terminan convirtiéndose en parte de la historia de una ciudad.

 

Casa Ríos pertenece a esa segunda categoría.

 

Detrás de sus paredes centenarias, construidas cuando Funes todavía era apenas un puñado de casas dispersas, conviven relatos de músicos legendarios, historias improbables, amistades forjadas entre guitarras y hasta viejas leyendas sobre túneles secretos que atraviesan la ciudad.

 

Para conocer mejor esa mística, hablamos con Fernando, el impulsor de este espacio que, sin buscarlo, terminó transformándose en uno de los refugios culturales más auténticos de la región.

 

Una casa con casi 150 años de historia

 

La construcción data alrededor de 1890 y tiene un valor patrimonial único: es considerada la segunda casa más antigua de Funes.

 

Originalmente perteneció a Pedro Ríos y, durante años, permaneció abandonada mientras atravesaba un proceso sucesorio. Fue entonces cuando apareció la oportunidad de recuperarla y devolverle vida.

 

“En un principio la idea era hacer un bodegón”, recuerda Fernando. “Pero con el tiempo, la realidad y la gente fueron marcando otro camino. Sin planearlo demasiado, el rock se fue adueñando del lugar”.

 

La historia también se percibe en los detalles. Los ladrillos originales están unidos con barro, una técnica habitual de la época que todavía puede verse en gran parte de la construcción. Cada pared conserva una parte de la memoria de la ciudad.

 

Los túneles que alimentan la leyenda

 

Toda ciudad tiene sus mitos. Y Casa Ríos tiene uno de los más fascinantes.

 

Debajo de la propiedad existen antiguos túneles que alimentan historias transmitidas de generación en generación.

 

Según cuentan los vecinos más antiguos, uno de esos pasadizos conectaría la zona con la estación ferroviaria y continuaría hasta otras construcciones históricas de Funes.

 

Nadie puede asegurar con exactitud hasta dónde llegan, pero la sola posibilidad alcanza para seguir alimentando una de las leyendas urbanas más conocidas de la ciudad

 

 

Un escenario elegido por músicos de todo el país

 

Si algo distingue a Casa Ríos es su vínculo con la música.

 

Sin campañas de marketing ni grandes estrategias, el lugar fue ganándose el respeto de artistas de distintos puntos del país gracias a algo mucho más difícil de conseguir: la autenticidad.

 

Por sus mesas y escenarios pasaron nombres que forman parte de la historia del rock y del blues argentino.

 

Uno de ellos fue Ricardo Tapia, la voz histórica de La Mississippi, a quien Fernando considera uno de los grandes referentes del blues sudamericano.

 

También visitaron el espacio músicos como León Gieco, Peteco Carabajal y Black Amaya, el legendario baterista de Pappo’s Blues, quien incluso llegó a elogiar la batería del lugar después de tocar allí.

 

Pero la lista no termina ahí.

 

Casa Río también recibió a bandas y artistas profundamente ligados a la identidad musical rosarina y santafesina, como Vudú, Bulldog, Los Vándalos, Cielo Razzo, Ike Parodi y el inconfundible Zorrito Von Quintiero.

Y entre sus visitantes ilustres también se destacan Palmo Addario, reconocido guitarrista y productor musical de la escena local, y Jimmy Rip, prestigioso guitarrista de trayectoria internacional que trabajó junto a figuras como Mick Jagger y Keith Richards. Dos nombres que reflejan el espíritu de un lugar donde conviven el talento local y las grandes historias del rock.

 

 

Objetos que cuentan historias

 

Las paredes de Casa Ríos funcionan como un museo no oficial del rock.

 

Entre los recuerdos más valiosos aparece una guitarra rota y firmada por Felipe Barrozo, de Intoxicados, además de banderas históricas y objetos que fueron llegando con el paso de los años.

 

No están ahí para impresionar a nadie. Son simplemente testimonios de noches que quedaron grabadas en la memoria de quienes las vivieron.



 

 

Una noche de caos y un espectador inesperado

 

Como todo bar de rock que se precie, también existen anécdotas difíciles de olvidar.

 

Fernando recuerda especialmente una noche en la que una discusión entre clientes terminó convirtiéndose en una batalla de vasos y banquetas voladoras.

 

Lo más curioso fue que, en medio de todo aquel desorden, Peteco Carabajal permaneció sentado observando la escena con absoluta tranquilidad, como si estuviera viendo una película.

 

Historias de esas sobran. Porque Casa Río nunca fue solamente un lugar para escuchar música: siempre fue un espacio donde algo inesperado podía suceder.





Mucho más que un bar

 

Sostener un espacio cultural independiente nunca es sencillo. Sin embargo, Casa Ríos sigue apostando por lo mismo que la vio nacer: generar encuentros.

 

Cada recital, cada conversación de madrugada y cada músico que encuentra allí un escenario mantienen viva una esencia que resulta cada vez más difícil de encontrar.

 

En una época donde todo parece acelerarse, Casa Ríos conserva algo invaluable: la capacidad de detener el tiempo por un rato y recordar que la cultura, la música y las historias compartidas siguen siendo parte fundamental de la identidad de Funes.

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